El movimiento como medicina: por qué a veces hacer ejercicio se siente tan difícil y cómo volver a empezar
Descubre por qué, en ocasiones, hacer ejercicio puede resultar tan difícil, incluso cuando sabemos que es beneficioso para nuestra salud. En este artículo encontrarás estrategias prácticas y realistas para reconectar con el movimiento y recuperar el hábito de la actividad física. Una introducción cercana y accesible al ejercicio como uno de los pilares fundamentales de la Medicina del Estilo de Vida.
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12/11/20256 min leer
El movimiento como medicina: por qué a veces hacer ejercicio se siente tan difícil y cómo volver a empezar
Por Yesenia Julieth M. C.
Hipócrates dijo una vez:
"Si pudiéramos proporcionar a cada persona la cantidad adecuada de alimento y ejercicio, ni demasiado poco ni demasiado, habríamos encontrado el camino más seguro hacia la salud."
Y, sin duda, esa sabiduría sigue plenamente vigente.
Cuando escuchamos las palabras "actividad física", muchas personas pensamos de inmediato en rutinas estrictas, entrenamientos intensos o membresías de gimnasio que, en realidad, no disfrutamos.
Pero esa no es la verdadera esencia del movimiento.
La actividad física significa, simplemente, mover el cuerpo de forma regular para cuidar el corazón, la mente, las articulaciones y el bienestar emocional.
Es movimiento con amabilidad.
La mayoría de las guías internacionales de salud, entre ellas las de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la American Heart Association y diversas autoridades sanitarias europeas, recomiendan realizar 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada para mantener un corazón sano.
Y aquí, en Inglaterra, el mensaje es exactamente el mismo: 150 minutos de actividad moderada a la semana, como caminar a paso ligero, montar en bicicleta o bailar; cualquier actividad que haga que respires un poco más rápido.
Como alternativa, también se recomiendan 75 minutos de actividad vigorosa, junto con ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana.
Conocer estas recomendaciones es una cosa.
Llevarlas a la práctica... es otra muy distinta.
¿Por qué nos cuesta tanto movernos, incluso cuando sabemos que nos hace bien?
No es porque seamos perezosos.
Es porque somos humanos.
Nuestro cerebro está diseñado para ahorrar energía y evitar el esfuerzo siempre que sea posible.
Permíteme explicarte algunas de las razones por las que, a veces, moverse resulta tan difícil.
1. La comodidad es poderosa
A la mente le encanta conservar energía.
Todo aquello que percibe como un esfuerzo adicional tiende a dejarse para más tarde, incluso cuando sabemos que es beneficioso para nosotros.
2. Muchas personas viven el ejercicio como un castigo
La sociedad suele relacionar el ejercicio con el peso, la apariencia física o la obligación.
Como consecuencia, el cerebro lo asocia con presión, en lugar de bienestar o disfrute.
3. El estrés nos roba la energía
Cuando estamos sobrecargados, preocupados o ansiosos, el organismo entra en modo supervivencia.
En ese momento, la actividad física parece algo secundario, y lo más habitual es que terminemos inmóviles.
4. Los hábitos antiguos son muy fuertes
Los hábitos son como senderos en un bosque.
Cuanto más recorremos un camino, más fácil resulta volver a caminar por él.
Crear uno nuevo siempre implica cierta incomodidad al principio.
Esa resistencia no significa que hayas fracasado.
Simplemente significa que eres humano.
¿Cómo podemos construir nuevos hábitos?
Aquí tienes algunas formas sencillas de empezar.
Empieza con microacciones
No estoy hablando de caminar diez mil pasos ni de completar una sesión de entrenamiento.
Empieza con solo cinco minutos.
Un estiramiento.
Un paseo corto.
Una canción para bailar.
Las acciones pequeñas funcionan porque no activan las alarmas del cerebro.
Elige el disfrute, no la presión
Muévete de formas que te hagan sonreír.
Baila en la cocina.
Camina mientras escuchas un pódcast.
Haz algunos estiramientos antes de dormir.
Cuando disfrutas del movimiento, tu mente deja de verlo como una obligación.
Conecta el movimiento con tus emociones
El ejercicio no solo beneficia al cuerpo.
También ayuda a reducir el estrés, la ansiedad, la tristeza, la irritabilidad, la sensación de confusión mental y mejora la calidad del sueño.
Cuando tu corazón empieza a latir con más fuerza, la tensión disminuye, la mente se despeja y las emociones encuentran mayor equilibrio.
Permite que tu cuerpo vuelva a sentirse vivo
Moverte mejora la flexibilidad, fortalece la musculatura, protege las articulaciones y puede ayudar a aliviar el dolor asociado a enfermedades como la artrosis.
Además, favorece un envejecimiento saludable.
Sé amable contigo
Habrá días en los que no podrás moverte.
Habrá días en los que todo parecerá demasiado pesado o simplemente estarás muy ocupado.
Y está bien.
Lo importante no es hacerlo perfecto.
Lo importante es volver, con calma y sin culpa.
Cuando la vida va demasiado deprisa: cómo volver a empezar
Nuestra mente siempre encuentra motivos para posponer el movimiento.
"Ahora no..."
"Después de responder este mensaje."
"Cuando termine de cocinar."
"Cuando los niños se duerman."
"Después de esta reunión."
"Después de esta llamada."
"Cuando termine este informe."
Y así, una y otra vez.
Cuanto más esperamos, más difícil parece empezar.
Sin embargo, esa misma mente que hoy retrasa el cambio también puede ayudarte a dar el primer paso.
Dos pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia.
1. Hazlo tan pequeño que resulte imposible decir que no
Elige algo tan sencillo que tu cerebro responda:
"Sí, puedo hacerlo."
Tres minutos de estiramientos.
Caminar mientras hablas por teléfono.
Subir las escaleras.
Una respiración lenta y consciente.
2. Conecta el movimiento con cómo quieres sentirte
En lugar de pensar:
"Debería hacer ejercicio."
Pregúntate:
"¿Cómo quiero sentirme dentro de una hora?"
Cuando el movimiento deja de ser una obligación y se convierte en una forma de sentirte mejor, la resistencia disminuye.
Poco a poco aparece la motivación.
Como un susurro.
"Hoy puedo hacer un poquito."
Los pequeños pasos crean un nuevo ritmo, una nueva relación con tu cuerpo y permiten que el movimiento vuelva a formar parte de tu vida, no desde la presión, sino desde el cariño hacia ti mismo.
¿Y qué pasa con la motivación? ¿Cómo puedo recuperarla?
Antes que nada, querido lector, quiero decirte algo importante.
La motivación no aparece antes de actuar.
Con frecuencia pensamos:
"Cuando tenga motivación, empezaré a hacer ejercicio."
Pero ocurre justamente al contrario.
Desde la perspectiva de la Programación Neurolingüística (PNL), la secuencia es la siguiente:
Acción → emoción → motivación → hábito.
La motivación aparece después de empezar.
Piensa en algo tan sencillo como caminar cinco minutos.
Ese pequeño paseo aumenta ligeramente la liberación de dopamina.
Ese pequeño aumento genera una sensación agradable.
Y esa sensación hace que tu cerebro quiera repetir la experiencia.
Por eso quiero que recuerdes esto:
No lo pienses demasiado.
Empieza poco a poco.
Tu cerebro hará el resto.
Pero si sientes que necesitas motivación antes de empezar...
Entonces quiero compartir contigo algo muy importante.
Lo que nos motiva cambia según la etapa de la vida en la que nos encontremos.
Y, casi siempre, la motivación nace de un deseo profundo.
El deseo de sentir alivio emocional
Mover el cuerpo es una de las formas más naturales de disminuir la ansiedad, despejar la mente y aliviar la carga emocional.
Muchas personas simplemente desean sentirse un poco más ligeras por dentro.
El deseo de reencontrarte contigo mismo
Ese deseo silencioso de volver a sentir:
"Quiero volver a ser yo."
Esta motivación es especialmente poderosa.
Nos movemos porque queremos recuperar la versión de nosotros mismos que existía antes del agotamiento, el estrés o el cansancio.
El deseo de encontrar un propósito
Conocer el motivo por el que quieres cuidar de tu cuerpo tiene mucho más poder que la disciplina.
Para algunas personas ese propósito es la salud.
Para otras, la confianza en sí mismas.
Para otras, poder disfrutar de su familia.
O simplemente vivir una vida que vuelva a sentirse bien.
Sea cual sea tu motivo, cuídalo con cariño.
Tu mente y tu cuerpo son extraordinarios.
El deseo de recuperar la energía
El movimiento no te quita energía.
La genera.
Muchas veces volvemos a empezar simplemente porque estamos cansados de sentirnos cansados.
El deseo de cuidarte
No se trata de vanidad.
No se trata de presión.
Solo de una pequeña voz interior que dice:
"Merezco sentirme bien dentro de mi cuerpo."
Y una verdad más...
Tu motivación no ha desaparecido.
Es posible que simplemente estés agotado.
Cuando la mente y el cuerpo se sienten sobrepasados, el cerebro reduce temporalmente los circuitos relacionados con la motivación para conservar energía.
Es un mecanismo de protección.
No un fracaso.
Esa chispa volverá poco a poco cuando:
El estrés empiece a disminuir.
Retomes pequeños movimientos con suavidad.
Tu cuerpo vuelva a sentirse más vivo.
Empieces a notar alivio emocional.
Dejes de exigirte tanto.
La motivación crece en silencio.
Sin prisa.
Sin forzarla.
Más allá de la apariencia: el movimiento es un regalo para tu corazón y tu mente
Incluso unos pocos minutos de movimiento pueden reconectarte con tu cuerpo de una manera maravillosa.
No se trata de seguir una rutina perfecta.
Se trata de sentirte:
Más ligero.
Con mayor claridad mental.
Emocionalmente más fuerte.
Más tú.
Porque el ejercicio es medicina.
Un último mensaje para ti
No volvemos a hacer ejercicio por disciplina.
Volvemos porque queremos sentirnos vivos otra vez.
El movimiento no es un castigo.
Es el camino de regreso hacia nosotros mismos.
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Paso a paso.
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